lunes, 6 de enero de 2014

(II) A mi abuelo.

"No vemos a la muerte,
hasta que se cierne sobre nosotros."
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A mi abuelo.

Una noche de verano,
Orfeo a un sueño me llevó,
Pero al despertar, mi padre,
La fría muerte, me descubrió.

Recuerdo aquellos instantes,
La primera vez que el invierno me hirió,
Más tan solo una lágrima,
Mi rostro y mi alma, descubrió.

Y hoy me lamento de no hablarte
Todas las noches al acostarme,
Y hoy, hoy me lamento de llorarte,
Y ninguna noche de ti acordarme.

Más me enseñaste en tus versos,
Que la tierra puede ser yerma y cruel,
Que la libertad, es el tesoro más preciado,
Y el mar, infinito, algo a lo que amar eternamente.

Y hoy me acuerdo, abuelo mío,
De tu sabia mirada, oscura y profunda,
Pero tranquila, y llenos de sumisa tristeza…
Ojos de aquél quién ha visto demasiado dolor.

Tú viste demasiada muerte, demasiado rojo fluir,
Viste el dolor de la guerra y sobreviviste,
A la pérdida del ser más amado, quién
Hasta en tu último aliento, recordabas en tu mirada.

Tú, luchaste y hablaste, labraste viña yerma.
Tú, fusilaste y amaste, sufriste mutilaciones y dolor.
Y Ahora te lloro, abuelo, ahora, te añoro y anhelo,
Y deseo volver a recordarte, hablarte y mirarte.

A esos ojos, profundos, oscuros, tristes… dolidos.
{Esos ojos demacrados, sabios... esos ojos ancianos.}

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