Más allá de las luces, de la alegría y de la nieve, sentía frío.
Un frío clavado en las entrañas.

Invierno.
El invierno llega lentamente,
¿No lo notas es los huesos?
Se cala hasta dentro, muy dentro,
Tan profundo que llega más allá,
De los huesos, mucho más allá.
Llega hasta tu aliento, llega,
Hasta tu mirada, llega.
Te come, lentamente, por dentro,
Se cala hasta tu alma, doloroso,
Y permanece hacia ahí, dentro.
Te persigue, tratas de huir,
Decimos que nos pertenece,
Pero nuestro miedo hacia él,
Se cala, lentamente, como el
Más frío de los inviernos rusos.
Y no nos damos cuenta, no,
Pero lo llamamos, lo susurramos,
Nos rodeamos de él, como de abrigos.
¿Acaso así le tendremos menor temor?
Cuando nos damos cuenta, le tememos.
Lo odiamos, lo tememos,
Lo controlamos, se escurre,
Entre nuestras manos, como arena,
De las playas grises de la costa muerta.
No podemos hacer nada, pero luchamos.
¿Pero acaso se puede luchar,
Contra tan temible enemigo?
¿Acaso se puede luchar con aquello,
Que cuenta nuestra vida, segundos?
¿Acaso…? Hemos perdido ya.
Lo sentimos frío, corre por nosotros,
Nosotros mismos somos parte de él,
Nos rige, corre delante de nosotros,
Tratamos de alcanzarlo… de atraparlo.
Pero es imposible…, imposible es pararlo.
Y el invierno, acaba llegando.
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