
1.
ACTO
PRIMERO
DEL
MÉDICO LOCO QUE TRATABA A CUERDOS.
(Escena Primera)
La
escena muestra una sala mustia y con hedor a muerte. Con calma en el ambiente
pero de cansancio. Los suelos son de granito veteado, frío y gris. Las paredes son
de un blanco “roto”, como dirían muchos artistas bohemios (locos, malditos
locos). La calefacción desconectada o rota se esconde en un recubrimiento de
intento de madera gris, pero que tiene el inhumano tacto del plástico
(inhumano, y eso que es el invento del siglo). Las ventanas son amplios
ventanales, que permiten ver un cielo tan azul que duele de amor mirarlo
fijamente. Un jardín y una fuentecilla antigua se ven de fondo. La fuente está
rota y unos barrotes gruesos como los brazos de un moribundo impiden escapar.
En
una esquina, una mesa con un tablero de ajedrez sin piezas (más de uno puede
intentar atragantarse con ellas). Las sillas son viejas (da miedo sentarse en
ellas, seguro que se rompen). Una mesa de pin-pon sin palas (¡evitemos posibles
altercados entre moribundos!) se encuentra en el centro de la sala.
Varias
personas, los LOCOS, están mirando embobados las ventadas. Parece que no ven
los barrotes, o simplemente no ven nada. No se mueven, casi me atrevería a
decir que no respiran. (No son personas, son locos).
Algunos
fumándose un cigarro y otros con mirada cansada, están los MÉDICOS, o al menos
intento de ello. Todos soñaron con conseguir rescatar a personas de las garras
de la muerte, con una mujer rubia con buen culo que fuera de compras, hiciera
buena comida y les diera lo que ellos pedían. Y acabaron en el culo del mundo
(El manicomio)
AINA,
una chica pelirroja, con aire de niña pequeña y con pecas está apartada sentada
en el suelo. Tiene los ojos abiertos enfocados a la nada. Juega con la mano que
ya no tiene, aunque aún siente. (En sus sueños sigue teniendo dos manos y
estrangula a más de uno.) De repente, airada se levanta, y mira hacia el
público con mirada vieja y desafiante.
AINA:
¡Qué
tedioso fue el día,
Y
que maldito, diablos,
En
el que acabé presa aquí;
Dónde
los sueños buscan,
Desesperados,
La
esperanza de un más allá.
Dónde
los héroes sueñan
Con
la meta por alcanzar!
MÉDICO 1:
Ya
estamos con la loca esta,
Más
de un disgusto nos va a costar,
A
ver si algún día trata de escapar,
Y
en la sala blanca la podemos encerrar.
(Los
MÉDICOS se ríen, y uno se atraganta con su propia saliva).
AINA:
(Furiosa,
con los ojos verdes brillando con fuerza, pero moribundos).
¡Gritan
los cantares!
Las
leyendas de héroes.
¡Gritan
las historias!
Las
hazañas de los caballeros.
¡Fuego,
sangre, dolor!
¡Fuego,
sangre, terror!
¡Muerte,
muerte, muerte!
(Su
voz sueña como un graznido de los cuervos).
Que
fue de la vieja gloria,
¡De
aquel viejo regio!
Que
fue de los reyes,
De
los caballeros,
¡De
aquellos malditos errantes!
LOCO 1:
(Se
tapa los oídos con las manos, desesperado, y cierra los ojos, angustiado. Tiene
miedo, miedo, miedo. Mucho miedo. Se encoge y los temblores lo sacuden
violentamente. El frío se cala dentro, muy dentro en sus huesos, esqueléticos
del hambre, la miseria y la locura. Comienza a agitarse y a boquear
desesperado, como un pez fuera del agua).
¡Que
se calle, que se calle!
¡Maldito
pájaro de mal agüero!
¡Maldito
sea tu oscuro cantar!
Maldito
mil y unas veces,
Miles
y millones cien veces…
¡Calladlo,
atadlo, matadlo!
MÉDICO 2
(Da
una calada al cigarrillo y lo tira al suelo, a la vez que lo pisotea. Suspira y
gruñe por lo bajo, a la vez que se acerca al LOCO, que está tirado en el suelo,
presa de escalofríos.)
¡Maldita
niña estúpida!
¡Estúpida
niña manca!
¡La
ataré y la encerraré!
¡Y
a ver si muerta de hambre,
Sigue
teniendo ganas de gritar!
(Dos
médicos se acercan a Aina y la agarran del brazo y del torso de malas formas.
Le dan puntapiés de propina, y un gemido escapa de la garganta de ella. Otro
médico se acerca al loco, y trata de obligarle a levantarse, pero el loco
estalla en llantos angustiosos.)
AINA
(Grita
y solloza, y maldice a los cuatro vientos, mientras es arrastrada. Pero su peso
de niña provoca que se la lleven prácticamente a volandas.)
¡Locos,
locos estáis todos!
¡Os
juro por las estrellas,
Y
por la luna del cielo,
Por
el cometa sangrante
Y
por los versos centellantes,
Que
escaparé y os degollaré,
Que
justicia implantaré!
¡Locos,
locos, locos todos!
MÉDICO2:
Irónico
que loco,
Llame
loco al médico.
¿Somos
pues locos,
Curando
a cuerdos?
(El
médico se ríe de forma cruel, mientras sale junto con el MÉDICO3 arrastrando o
llevando de volandas a Aina.)
Suena
una puerta chirriar de fondo, y entra en escena ENFERMERA BARTOLOMERA. Lleva un vestidito corto blanco, y una
corona con una cruz en la cabeza. Unas zapatillas adornan sus pies. El vestido
tiene algunos remiendos hechos por la propia enfermera en un vano intento
pasado de hacerlo más atractivo. Tiene las rodillas huesudas y con el frío las
tiene moradas. Su pelo es corto y desaliñado, de color madera rancia, y su
mirada de zalamera junto con unos ojos tuertos. Lleva un carrito cuyas ruedas
chirrían desastrosamente, con vasos de plástico amarillentos encima de ella.
ENFERMERA BARTOLOMERA:
(Con
gesto aburrido)
¡La
medicina, la medicina,
Bastardos,
locos,
La
medicina, la medicina,
De
todos los tamaños!
MÉDICO 1:
(Con
tono guasón e irónico)
¡Bartolomera
la fea!
¡De
todos los tamaños,
Pero
dinos cuál de todos,
Prefieres
en tu coño!
ENFERMERA BARTOLOMERA:
¡Ay,
que risa, me desorino!
Que
chistoso, ¡Me desternillo!
Afirmativo,
me gusta el tamaño,
Y
por eso el tuyo nunca lamo.
(ENFERMERA BARTOLOMERA se contonea ante el
Médico1 riéndose de él. Éste, se pone rojo y frunce el ceño. No le ha gustado
que la enfermera lo trate de esa forma, y menos aún ante sus compañeros, que se
ríen como hienas.
ENFERMERA
BARTOLOMERA:
(Suspira,
y nuevamente con gesto aburrido)
¡La
medicina, la medicina,
Bastardos,
locos,
La
medicina, la medicina,
De
todos los tamaños!
ENFERMERO 4:
¡Y
sigue y sigue con la cantina!
LOCO 2 (Nikolai):
(Deja de mirar por unos instantes la
ventana. Tiene un poco de baba corriendo por la comisura de sus labios, y a sus
manos les faltan dedos. Seis en concreto, como la cifra del número del diablo.
(Otra historia que ya contaremos.) Se acerca a la Enfermera Bartolomera con
ojos desorbitados.)
Yo
no quiero medicina,
Ni
tampoco vitaminas,
Yo
no quiero palabras,
Que
me dañen más el alma,
Ni
que me arañen el corazón.
Yo
quiero un abrazo,
Una
caricia y un susurro,
Una
flor y un beso
Dado
en secreto,
En
la oscuridad de la noche,
Tan
oscura como las estrellas,
Tan
brillante como la luna,
Y
tan bella como la amapola.
Yo
quiero buscar a mi amada
Que
corre perseguida por bosques,
Por
ciudades inhóspitas,
Por
el desierto desamparado.
Aún
recuerdo a mi amada,
Esa
flor en el ocaso,
Ojos
azules encendidos,
Pero
rubio bronce.
Manos
delicadas de marfil,
Pies
suaves de nubes.
Una
doncella hermosa,
Una
doncella de ensueño.
Como
esas que aparecen
En
los cuentos mágicos,
En
los cuentos de historias
Que
nunca más se verán.
Oh
amada mía, sólo mía,
Es
tu pelo como el río,
Y
son tus ojos como dos pozos,
Enormes,
oscuros,
Dónde
me ahogo.
Son
mi perdición, y mi luz,
Mi
sueño y mi pesadilla.
Oh
amada mía,
Doncella
y alma mía.
Eres
pequeña pero sólo mía…
(Se acaricia el pecho y una lágrima solitaria
le recorre el rostro).
ENFERMERA BARTOLOMERA:
¡Ya
está bien de lágrimas,
Y
de lamentos, de sollozos!
¡Tomemos
la pastillita,
Y
vayamos a tomar el sol!
¡Vamos,
para arriba Nikolai!
¡Que
la mentira más perra,
Es
que la vida es bella!
(La Doctona Bartolomera se ríe y le da las
pastillas al Loco2, Nikolai)
Se cierra el telón. Los médicos fuman y la doctora Bartolomera sonríe
por no llorar. Nikolai se abraza a sí mismo, mientras que unos locos aúllan y
otros se mueren por dentro y por la mirada. Unos están locos y otros están
menos cuerdos, pero al fin y al cabo son personas apresadas.